SAM COOKE – NIGHT BEAT (1963)

 night beatSam Cooke fue un artista de numerosos éxitos, un tipo que facturaba hits con una facilidad pasmosa, sus canciones se colaban sin dificultad en los primeros puestos de las listas y sonaban sin descanso en las emisoras de radio. Se podría tener la errónea impresión de que era en las distancias cortas donde realmente se sentía a gusto, de que era un hombre de singles, de que el continente perfecto para sus canciones eran esas rodajas de negro vinilo de apenas siete pulgadas, en cuyos surcos su música se revelaba inmediata y directa. Yo, sin embargo, disfruto igualmente del Cooke de largo recorrido, del que se muestra sin remilgos en sus elepés, esa bestia que deja de lado su faceta más blanca y pop y se empapa de funk, soul y esencia negra en la brutalidad que es “Live At The Harlem Square Club (RCA, 1963)” o el que desnuda su alma en “Night Beat”, el álbum que hoy nos ocupa, arrimándose con descaro al blues y al rock.

En febrero de 1963 y en sólo tres sesiones de grabación, Sam Cooke registra, en los estudios RCA de Los Ángeles, uno de los discos más pasionales, intensos y emocionantes de la historia. Si la perfección existe, debe de parecerse mucho a “Night Beat”, impoluta colección de canciones, doce en total, en la que no sobra ni falta nada. La elección de los temas es insuperable y la banda toca la estratosfera. Sin embargo, todo esto palidece ante la portentosa exhibición de genio y poderío de un intérprete en estado de gracia.

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Sería absurdo enredarse en desmenuzar el álbum tema por tema, estas canciones no se explican, se sienten. No puedo evitar, no obstante, señalar la maestría que rezuma esa maravilla llamada Lost And Lookin’, en la que una tímida sección rítmica acompaña (innecesariamente, me atrevo a decir) a una voz prodigiosa que brinda una interpretación antológica, repleta de magia y sentimiento. O celebrar como hace suyos clásicos del blues y del rock and roll, Little Red Rooster y Shake, Rattle And Roll serían un buen ejemplo. Nobody Knows The Trouble I’ve Seen estremece, I Lost Everything enamora y las tres aportaciones propias confirman que su talento no se ceñía sólo al campo interpretativo, sino que se extendía al ámbito compositivo, firmando joyas como Mean Old World, Laughin’ And Clownin’ o You Gotta Move, creando escuela y dejando claro que muy pocos podían toserle.

Sam Cooke es elegancia y sentimiento y en “Night Beat” alcanza la perfección. Un disco irrepetible, música de ésa que eleva el alma y libera el espíritu.

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