GLEN HANSARD – DRIVE ALL NIGHT (2013)

DRIVE ALL NIGHT

Podría comenzar esta entrada glosando las muchas virtudes de la música de Glen Hansard. Hablar de su vida y milagros, del hombre y su circunstancia. Podría enumerar los grupos en los que ha militado. Podría hablar de Marketa Irglova o de su Dublín natal. Podría contar la de veces que leí maravillas acerca de sus discos y podría elucubrar sobre las misteriosas razones que fueron postergando la escucha de los mismos. O podría hablar de una tarde de domingo de hace un par de meses. La tarde en que llegó a mis manos una película del 2006 llamada Once y que fue el empujón definitivo para que me lanzara sin reparo ni rubor a los brazos de este desgarbado músico irlandés poseedor de una voz desgarradora y una sensibilidad desarmante. Podría hacer todo eso, pero me limitaré a hablar de las cuatro canciones que integran este disco, que no es poco. Un disco que ve la luz a finales del 2013 y que se abre con una portentosa versión del clásico de Bruce Springteen que da título al EP y que el cantante de Nueva Jersey publicaba en 1980 dentro del álbum “The River”. “Drive All Night” es una versionaca del copón. El saxo lo pone Jake Clemons -sobrino del desaparecido Clarence Clemons, quien fuera miembro de la E Street Band- y Eddie Vedder acompaña a Hansard en las voces. El resultado es acongojante. El poderoso barítono del primero y la polivalente voz del segundo encajan de maravilla, la canción se eleva, revolotea en las alturas, se hace gigante. Le sigue “Pennies In The Fountain”, composición propia -así como las dos restantes- con una bonita y acertada melodía vocal y la difícil tarea de mantener el tipo frente al tema precedente y a lo que está por venir. “Renata” es la otra cima del disco, la interpretación vocal de Hansard es un prodigio que encuentra acomodo y refuerzo en los precisos coros de Marketa Irglova. La batería marca el camino y la banda reclama espacio. Prácticamente perfecta. “Steps Out Of The Shadows” cierra. En ella, el pelirrojo cantante da descanso a su inseparable  y ajada guitarra, sólo su voz para poner punto y final a veinte minutos de puro éxtasis. Y ahora sí, recomendemos los discos de The Swell Season y los discos de The Frames, e incluso los de Marketa en solitario. Y las películas; Once en el 2006 y el documental The Swell Season en 2011, pues todo ello se antoja necesario para adentrarse y comprender el peculiar universo de un artista tremendamente comprometido con su música. Háganse un favor y escuchen este disco pues, a pesar de la melancolía que rezuman, estas canciones les harán, sin duda alguna, un poquito más felices.

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