LA ELEGANCIA DE LA MÚSICA

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Si hacemos caso a la Real Academia de la Lengua Española, podemos entender como “elegante” a cualquier cosa dotada de gracia, nobleza, sencillez y, además, que revela distinción, refinamiento y buen gusto.  Aplicado a la música podremos encontrar varios ejemplos de artistas que con sus creaciones cumplen con todas esas definiciones. Pero a la hora de ponerlas en común con otras personas lo normal es que encontremos desavenencias y puntos de conflicto, pues si algo tienen en común todos los adjetivos — incluyendo a “elegante” en la ecuación — es que son términos subjetivos en los que cada individuo maneja unos baremos. También podemos extrapolarlo a la música en general, hecho que la dota, al igual que a otras vertientes artísticas, de una maravillosa subjetividad en la que cada oyente puede encontrar y definir distintos estilos, artistas y géneros de manera totalmente diferente.

¿Cuál es mi manera de entender que la obra musical de un artista resulta elegante? Aquella que, sin quererlo ni beberlo, atribuye a mis monitores de audio un aura de la que difícilmente puedo escapar durante horas y que me permite cerrar los ojos y, simplemente, desvanecer mis pensamientos entre las notas que fluyen y se expanden en un extraño vaivén sonoro. Aquellas que permiten alejarme del mundo que hasta ese preciso instante se empeñaba en estresarme y en mostrarme solamente y, por desgracia, aquello de lo malo que suele provocar estrés y malestar y que hoy en día suele estar más presente de lo que nos gustaría.

¿Quién no ha utilizado en alguna ocasión a la música como bálsamo de emociones? ¿Quién no ha encontrado en las notas de una guitarra, un piano o una voz tristes el entendimiento de esos mismos sentimientos que sufrimos? Lo mismo lo podríamos aplicar a otros estados de ánimo. En muchas ocasiones me he visto a mí mismo pasando canciones y canciones de mi reproductor porque no me encontraba con el estado de ánimo óptimo para escucharlas. Días después me encuentro en la misma tesitura pero escuchando aquellas canciones que por entonces pasaba de largo, y pasando de largo aquellas notas que en aquellos momentos sí me encontraba en predisposición de disfrutar. La música, queramos o no, influye en nuestras emociones de manera directa.

Por ello, ¿sería justo valorar una pieza musical escuchándola sólo una vez? ¿sería honesto para esa obra artística apreciar (o no) sus matices sin encontrarnos en el estado de ánimo adecuado? Nuestra propia vida nos enseña a disfrutar de la música en su justa medida, y en cada momento. Puedo tomar de mis cajones muchos ejemplos de cd´s de música que escuchaba en mi adolescencia y sentir cómo una pregunta sin respuesta invade mi cabeza: ¿cómo era capaz de escuchar este tipo de música? Quizás, mi yo adolescente se sentiría igual de extrañado e incluso avergonzado de encontrarse y escuchar alguna obra que hoy en día considero como favorita. Las personas cambian con la edad. Nuestras emociones, de manera elegante, también.

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Si las emociones nos invaden de manera fortuita y elegante, y la música es un tipo de emoción, también podemos atribuir a toda ella el atributo de “elegante”. Simplemente hay que encontrarse en el momento y lugar adecuados con la obra concreta para poder encontrar esa simbiosis con sus notas y con los propios sentimientos del artista o artistas involucrados en su creación. La elegancia se encuentra por varios factores humanos, no es inherente a algunas obras y a otras no.

Y es justo terminar este pequeño texto sin aportar ningún ejemplo de lo que yo considero elegante. De lo que mi yo presente disfruta escuchando y de lo que posiblemente tú, lector, no estarías de acuerdo. Posiblemente mi yo futuro volvería a leer estas líneas y terminaría diciendo: ¿en que estaba pensando para definir a este artista u obra concreta como ejemplo de elegancia musical? Simplemente pensemos, tú y yo, en esa música que ahora mismo nos llena. En esa música que quizás ahora mismo esté sonando. Vuelve a tu yo pasado y valora aquella música que en ese momento sonaba, valora las emociones que ahora y antes manejabas y encontrarás la respuesta al por qué esas notas llegaban a tus oídos con una elegancia inusitada, inundando tu cuerpo de sentimientos, paz y unión con sus melodías.

Porque la música es emoción. Y la vida, también.

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