JULIO DE LA ROSA – PEQUEÑOS TRASTORNOS SIN IMPORTANCIA (2013)

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Julio de la Rosa es un artista inquieto, un culo de mal asiento. Publica novelas, compone bandas sonoras -ojo a su trabajo para la última cinta de Alberto Rodríguez, ese peliculón que es La Isla Mínima– y en su currículum figura en mayúsculas y en negrita su militancia en El Hombre Burbuja, banda de culto a la que algunos llegamos demasiado tarde. Además, su carrera en solitario se asienta con cada nuevo lanzamiento, pariendo discos cada vez más redondos.

En este sentido, Pequeños Trastornos Sin Importancia es su más reciente alumbramiento. Un álbum de 2013 que araña y muerde. Un disco que se alimenta de rabia y venganza, de rencor y fragilidad, de dolor y cinismo. Diez canciones, diez trastornos fruto del desamor y de un severo desajuste emocional.

“Colecciono Sabotajes” es el punto de partida y “El Amor Saludable” el esperanzador cierre. El primero es un tema enorme, que golpea sin piedad hasta hacer sangrar. Cargado de reproche en lo lírico y con el punto justo de épica en lo musical. Ese tramo final con coros femeninos, que retozan y se mezclan con la voz de Julio, es impagable. El último es la única concesión al optimismo en todo el lp, un mínimo resquicio que mantiene viva la posibilidad de alcanzar un remedo de felicidad. Entre uno y otro, encontramos un sinfín de motivos en forma de canción para rendirse a la grandeza de este disco. Señalaré sólo un par de ejemplos: esa maravilla que es “Un corazón lleno de escombros”, debilidad personal poseedora de uno de los estribillos más irresistibles que he escuchado en años, y “La fiera dentro”, más de ocho minutos de intensidad y catarsis en una pieza que crece gloriosa y atípica en su alambicada estructura.

Podría seguir así y diseccionar el álbum canción a canción, pero no lo haré, no creo que sea necesario. Me limitaré a decir que Pequeños Trastornos Sin Importancia es un disco vivo, plagado de arreglos imaginativos y arriesgados, las canciones se retuercen y mutan una y otra vez, con letras soberbias que se apoyan en el buen hacer de una sólida banda (que no es otra que los Havalina al completo, más la adición de reputados músicos como Abraham Boba y Pau Roca, entre otros) y que se revela como el mejor álbum, hasta el momento, del músico jerezano.

Para terminar, animo al lector a que investigue en los créditos y se sorprenda con la lista de colaboradores e invitados, nombres relevantes de la escena musical patria que, lejos de intentar destacar, mantienen sus aportes en un plano acorde a las exigencias del trabajo, facilitando así que el resultado final sea tan atractivo como brillante.

Absolutamente recomendable, esta colección de canciones se erige como una de los discos imprescindibles del aún cercano 2013.

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