10 de 2014: HOLLY (2014) de NICK WATERHOUSE

hollyTras debutar en el 2012 con el fantástico “Time’s All Gone”, Nick Waterhouse nos presentaba el pasado año “Holly”, un conjunto de diez canciones que conforma esa difícil reválida que siempre es el segundo álbum, y que el californiano supera con sobrada solvencia.

No será “Holly” el mejor disco en la carrera de Nick Waterhouse (de hecho, no lo es, puesto que su antecesor se postula como un trabajo más redondo, que cuenta, además, con el componente sorpresa que por razones obvias “Holly” no posee), pero sí que es un artefacto enormemente disfrutable y meritorio. El trabajo se muestra continuista respecto a lo mostrado en “Time’s All Gone”, pero al tiempo escarba en las raíces del sonido americano de los años 50, arrimándose al rocanrol de manera más evidente que su precedente -mostrando así ligeras diferencias con aquel-, mientras mantiene como referencia principal el soul tanto de los 50 como de los 60.

Nick-WaterhouseHigh Tiding abre perezosa, preeminencia de guitarra y órgano y una base rítmica exquisitamente cadenciosa. This is Game anima el cotarro, el saxo hace acto de presencia y Richard Gowen se luce sin estridencias a las baquetas para anunciar que la fiesta ha comenzado. Ty Segall es el autor de It # 3, la siguiente del lote, con un sonido más limpio que la original y un barniz ritmanblusero que le sienta de maravilla, el joven Nick la hace suya sin despeinarse el tupé. A estas alturas ya queda bien claro que Nick Waterhouse sabe perfectamente lo que se trae entre manos y que, pese a explotar patrones y estructuras del pasado, es capaz de impregnar su personalidad musical en unas canciones que suenan vigentes y actuales. Let It Come Down es una delicia, delicada y a la vez contundente, con unos coros que ponen la piel de gallina. Sleeping Pills, Ain’t There Something Than Money Can’t Buy y Dead Room (esta última con interludio jazzy que flirtea de manera muy leve con el free sin complejos) pueden ir en el mismo saco, todas ellas vacilonas y bailables. Holly es la que titula y una de mis debilidades, es perfecta, para escuchar en bucle sin solución de continuidad y así ser feliz por toda la eternidad. Well It´s Fine, bufff… palabras mayores, otra vez protagonismo para esa percusión sutil y foco para la guitarra, pura elegancia. El disco se cierra con Hands on the Clock, no menos elegante que la anterior y que cumple perfectamente con el cometido de la última pieza de un disco, que no es otro que dejarnos con ganas de volver a escucharlo.

Muchos dirán que es un disco poco novedoso, que repite formulas ya expuestas y que no aporta nada a la actual escena retro/neo/soul o como carajo quiera llamársele. Vale, ¿y?. “Holly”, es cojonudo, lo único que hay que hacer es pincharlo y disfrutar, lo demás son idioteces.

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